viernes, 12 de enero de 2018

Un problema pequeñito...

Un cuento para pasar el calor, o el frío, dependiendo del lugar en el Globo donde uno esté situado. Para acompañar con helado o sopa y un buen chocolate.
Espero les guste
:D 

Un problema pequeñito

Juanita estaba cansada. Sabía que solo tenía que esperar unos días para que el fin de temporada fuera un hecho, entonces, tendría tiempo para tomarse unos días e ir al médico.
Con muchísimo cuidado, como siempre, comprobó
que el candado de las vitrinas que mostraban las colecciones de monedas, fustas y facones históricos, estuviera bien cerrada. Luego,  recorrió cada habitación, buscando a curiosos retrasados. En el Salón de los Trajes Antiguos, descubrió una mariposa de polilla revoloteando en círculos. La miró con preocupación. Buscó el insecticida que la química preparada especialmente para ellos  y roció la ropa en cantidad. Posteriormente, giró los canceles, corrió algunas sillas que estaban desordenadas. Con una pálida sonrisa, se despidió del cuidador nocturno, que acababa de llegar. Recogió de su casillero el largo gabán marrón, el bolso tejido y se fue a casa.

La esperaba su gatito gris, sus plantas, un poco maltrechas, y una pila de platos sucios sobre la mesada de la cocina. Sin embargo, pareció no advertir nada. Solo le importaba el dolor de espalda. Cada vez más fuerte y angustiante.
Buscó en su celular los números de las clínicas que podían atenderla  en la guardia. Averiguó. En el primer lugar que le dieron el sí, avisó que iría de inmediato. Dejó sus datos y llamó a un taxi.
Juanita tomó su abrigo y esperó sentada, ensimismada en pensamientos que la llevaban muy lejos de allí. Una bocina la despertó. Salió de su casa corriendo, ni se fijó si había cerrado la puerta con llave.
El chofer era alegre. Bromeaba, hablaba sobre el clima y los problemas del día a día. La conversación se esfumaba cuando llegaba a ella.
-Disculpe- se excusó- estoy muy adolorida.
En el Hospital, una enfermera un poco amodorrada, cotejó los datos con su carnet, le cobró los honorarios y la guió hasta un consultorio largo, con camillas y cortinas que daban un poco de intimidad a cada paciente. Sus piernas  quedaron colgando, como si tuviera 4 años y su madre la hubiera dejado en la plaza para hamacarla.

Un médico grande, pelirrojo y barbudo la interrogó.
 Ella, le contó que hacía casi un mes había comenzado el dolor (él, cejas alzadas, como diciendo, ¿y ahora, a medianoche, decidiste venir?). Qué estaba en su trabajo, que era imposible (remarcó imposible, como si lo escribiera en negrita y subrayado) tener un momento libre para ella, que por eso había pasado tanto tiempo en decidirse.
 El médico le pidió que se quitara la ropa de la parte superior y se acostara boca abajo en la camilla.
Juanita sentía que hervía de vergüenza (ella era la auténtica “señorita”, impoluta en sus casi 60 años de vida). Se quedó quieta. Muy quieta, mientras en su cabeza desfilaban desaforadamente escenas de noticieros y películas, donde hombres depravados, con doble identidad hacían las más ruines atrocidades a mujeres solas que caían en la guardia de un hospital con dolor de espalda.
El doctor se acercó y la observó (miró su espalda curvada y huesuda, con la piel demasiado blanca, demasiado tersa para su edad).  Un rato largo estuvo así, sin decir nada. Sin decirle nada. Por el rabillo del ojo, vio que tomaba un bisturí, unas pinzas y empapaba unas gasas en antiséptico. El olor a iodo le dio arcadas pero no sintió la mínima sensación mientras él trabajaba sobre su espalda y le preguntaba sobre su empleo. Ella le contó sobre el Museo Histórico de la Ciudad, donde trabajaba desde hacía unos cuarenta y pico de años, su segundo hogar, su “familia” adoptiva, lugar donde el dolor había nacido de golpe, mientras realizaba una de sus recorridas.
El dolor que a veces no la dejaba respirar.
El dolor fugaz…
El dolor que…
El dolor había desaparecido.
-Ahora comprendo- dijo el doctor mientras una sonrisa le partía la cara en dos

- Era solo… era un pequeño problemita alojado en su espalda- , y le mostró el sable corvo que acababa de extirparle.

Clara Silvina Alazraki


El cuento en audio:


Música de fondo del audio: "Cuando nada te debía", de Cajita de Música Argentina

Imágenes:
* Foto de Emilio... bebé gatuno de mis sobrinas
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