sábado, 20 de julio de 2019

Amistad...


Hay múltiples definiciones de amistad, así como existen diferentes calidades de amigos.

Muchas veces, creemos que tenemos muchos.
Muchísimos.
Pero en el momento en que “las papas queman”, nos damos cuenta que solo un puñadito es real y significativo.
De esa diminuta porción, quisiera rescatar algunos...

Aquellos, que cuando estamos atravesando un momento malo, no disparan despavoridos, sino que nos regalan su oreja y paciencia para que podamos sacar todas las espinas que nos están destrozando el alma.

Los que nos motivan a seguir en proyectos cuyo futuro se vislumbra borroso (al comienzo).

Los que dan sin recordar, sin exigir nada a cambio.

Los que están lejos, pero pareciera que nos están mirando desde la silla de enfrente a la que estamos sentados.

Los que nos dicen la verdad, aunque duela, pero no SU verdad, la que siguen como bandera, sino la que no niega la realidad y nos abre los ojos a los errores y sus posibilidades sin recordar, sin exigir nada a cambio.

Los que nos reciben con una sonrisa, nos dan aliento, nos sugieren y no nos imponen.

Los que son la suma de todo lo anterior o, simplemente, portan alguna de esas características...

¡FELIZ DIA DE LA AMISTAD!!!!
Clara


jueves, 11 de abril de 2019

Vivir...

Una historia para compartir convertida en cuento, basada en un suceso extraído de la realidad...

Vivir

Todo comenzó una noche de agosto.
Fran, mi novio, pasó por casa  a buscarme bastante tarde. Venía con un amigo.       
Las ruedas de la moto cedieron cuando subí, entre medio de ambos, muerta de risa por la salida,  locura irreverente e inconsciente de la juventud.
Sentí el aliento del alcohol que despedían los dos, pero no me detuve a pensar. Tampoco se me pasó por la cabeza cuestionarlos.
Fran iba cada vez más rápido. Serpenteaba entre autos que frenaban de golpe, tocaban bocinazos y despedían insultos.
Nada nos detenía. El viento nos golpeaba en las caras, haciendo volar mi cabello, que en ese entonces, caía largo, por debajo de mi cintura, convirtiéndolo en un ovillo desmadejado. Gritábamos, reíamos a carcajadas, nos sentíamos dueños del mundo (o por lo menos de ese pequeño momento de frenética libertad).
Entonces fue cuando comenzó…
Toda la aceleración se detuvo.
Sentí como si una mano gigante se abriera y detuviera al tiempo. Parecía flotar en una burbuja de jabón. Suave. En cámara lenta. Podía ver al mismo tiempo (no sé cómo), dos realidades opuestas: por un lado, nosotros tres, sobre la moto, a toda velocidad zigzagueando entre el tránsito. Por el otro, una especie de sueño pausado, sereno, donde avanzábamos en medio de una calle y, de pronto, chocábamos contra un camión. Fran y el amigo, cayendo hacia un lado, yo, volando, golpeando contra la caja con todo mi cuerpo y terminando debajo del vehículo. La moto, seguía dando vueltas en el aire, como esos molinitos de viento con los que jugaba cuando era chica, finalizando en algún lugar, una bola retorcida de fierros, irreconocible, goteando una mezcla de nafta y aceite que invadía el aire.
Empecé a escuchar gritos, una sirena lejana. Alguien tomó mi mano nerviosamente y trató de tranquilizarme.
Yo no comprendía. Intenté explicarle a esa persona que no se preocupara, que estaba bien, que no sentía ningún dolor. Nada.
Mi cuerpo estaba desconectado del sufrimiento. Solo tenía la sensación de algo tibio que se deslizaba por mi frente, brazos, piernas.
Al mismo tiempo, estaba también sobre la moto, seguíamos marchando en una carrera sin objetivos.
Fran gritó no se bien qué. Aceleró más y en ese instante pasó. Chocamos contra la parte trasera de un camión. Salimos despedidos.
Las dos realidades se transformaron en una y comencé a sentir el dolor que crecía en cada una de mis células… Sentía que todo se quebraba, estallaba en mil pedazos, sin posibilidades de volver a unirse.
La mano que me sostenía, desapareció. Varias personas estaban tratando de sacarme de abajo del camión. Cada momento, aun el más mínimo, era como si tomaran un martillo y me golpearan con toda su fuerza. Me pusieron sobre una camilla, cortaron mi ropa, limpiaron la sangre. Podía sentir su respiración mientras trabajaban sobre mi cuerpo maltrecho.
Entonces, volvió a suceder. El dolor desapareció. Otra vez ese lento estado de ensueños.
Médicos o enfermeros, intentando reanimarme con oxígeno, epi, desfibrilador.
Cuando llegamos al hospital, me llevaron directamente a un quirófano blanco, inmaculado. Podía ver reflejadas en los aparatos, las guedejas de mi largo cabello enredadas en sangre, cayendo mientras las cortaban. También las gasas, teñidas de un rojo profundo. No se escuchaba el tic tac de mi corazón saliendo por el artefacto que lo registraba, tampoco lo oía en mi pecho.
Pensé en mi familia.
¿Qué pasaría con mi mama, cuando me viera en ese estado?
¿Lloraría mi papá o simplemente pondría su máscara inexpugnable para tapar la tristeza?
Pasé los dedos por la columna que sostenía la sangre que me estaban transfundiendo;  por la mesa, donde tijeras, bisturíes y otro instrumental se alineaban en un orden perfecto; por mi frente abierta, de lado a lado, mi cabeza pelada, como la de un bebé; por un bulto violáceo que parecía contener mi ojo, cerrado, amoratado; por unos tubos que entraban por mi nariz y uno que salía de mi boca. Por mi pecho abierto con unas pinzas plateadas que sostenían la carne a cada lado. Por algo similar a un hueso que asomaba encima del lugar donde debería estar mi rodilla.
Un amante acariciando el cuerpo de la amada pero con la diferencia de que no se trataba de dos seres separados sino del mismo, en una situación de extrañeza total que, poco a poco, iba siendo conciente de la realidad.
Entonces, tomé la decisión.
Pedí a Dios con todas las fuerzas que me quedaban, que me permitiera volver a aprender.
Una semana más tarde, desperté.
Dijeron que había sido un milagro, que en el momento en que iban a declararme oficialmente muerta, había asomado un latido y otro y otro y otro más. Que había estado en coma y me habían operado varias veces…
Mis padres se enteraron del accidente muchas horas después por que no tenía mis documentos encima
cuando todo ocurrió y me habían ingresado como menor, femenina, no identificada.
Caminé por la cuerda floja del destino por horas, por días, y, en algún momento de toda esa vorágine, había vuelto a vivir.

Vivir con mayúscula.

Clara Silvina Alazraki



Fuente de las imágenes: 


Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International License.

sábado, 9 de marzo de 2019

Historias para compartir: Momentos...


Momentos

-¿Cuántas palabras existen para describir los distintos tonos de gris que tienen las nubes en un día de tormenta? Se preguntó mientras la arena acariciaba sus pasos por la playa.
-Oscuro, claro, aterciopelado, tenebroso, pesado, plomizo, nostálgico…son solo adjetivos.
Juan se detuvo y alzó un caracol. 
Se notaba que no era de ese lugar. 
Nacarado, suave, contrastaba con el manto beige.
-¡Sos diferente, estás perdido entre lo común, se nota! 
Murmuró, como si alguien o algo pudiera escuchar sus palabras.
Pensó en guardárselo pero al mismo tiempo, creyó que si lo hacía, iba a privar a otro ser de su belleza. Acarició las vueltas del caparazón y lo arrojó lejos, al mar, que se fundía con las sombras del temporal, partido en pedazos, por momentos, con el fulgor de los rayos.
Un trueno lo ensordeció. 
Las primeras gotas golpearon sus mejillas, invitándolo a buscar refugio.
Juan se despidió del lugar, giró, desplegó sus alas y voló raudamente hacia la ciudad.

La lluvia lentamente borró sus huellas mientras las olas invadían la orilla y dejaban, otra vez, un caracol blanco en la playa…

Clara Silvina Alazraki



*Imágenes propias

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

sábado, 5 de enero de 2019

2019

 Retomando el año con las historias para compartir, pensando en tanta gente que se pierde en la calle, tantas familias preocupadas, buscando...
Uno nunca sabe qué pasó con ellos en ese ínterin, pero puede imaginar.
¡Buen año 2019, disfruten la vida!

Loco pero feliz

Le decían “el loco del cementerio”. Era un tipo raro…
Alguna vez había sido un famoso artista, un escultor con la fama y la fortuna rendidas a sus pies.
Una mala noche, su vida había cambiado para siempre, cuando ladrones entraron a su casa y –como no encontraron suficiente dinero-, mataron a su esposa, su único amor, su única familia y el lazo que lo mantenía sujeto con la realidad de este mundo. A partir de ese momento, todo se fue derrumbando. Primero su mente, luego los amigos interesados que lo rodeaban en épocas de bonanza y desaparecieron sin magia ni despedidas mediante. Finalmente, sus bienes y posesiones.
Cuando ya no le quedaba nada, salvo lo puesto, comenzó a vagar por diferentes lugares. La gente lo observaba, alguno se compadecía y nunca faltaba un pan, un plato de guiso, una manta raída.
Dentro de su cabeza, estas limosnas tenías significados dispares. Si alguien le ofrecía un alimento, no era una persona quien se lo daba, sino la naturaleza, como si de ella brotase. Tampoco veía la sonrisa del grupo de jóvenes que hacía el rondín para contener a la gente de calle, él sentía que la ayuda era como maná del cielo. Desde Dios, sin intermediarios.
También el tiempo se había detenido en su mente. Dormía de día, almorzaba sobras en mitad de la madrugada, esperaba el amanecer a las seis de la tarde.
Tenía una sensación de que algo faltaba en su vida, aunque no podía definirlo. A veces, despertaba de un sueño profundo sintiendo un gran vacío acariciando su corazón. En esos momentos, recuperaba por segundos, la cordura perdida. Recordaba su pasado, su amor perdido, inmediatamente, la niebla del olvido lo tomaba…
Un día, caminaba por las afueras de un poblado de pescadores. Las casas, blancas y limpias, los caminos rojizos, árboles de mandarinas en las veredas y la plaza. Había llovido toda la tarde, ahora solo caía una fina garua.
El loco, mojado pero feliz, buscaba algo que ni siquiera tenía noción de qué era. De pronto, comenzó
a formarse un majestuoso arcoíris. Nacía en los campos, más allá de la zona urbanizada y parecía morir cerca de allí, en una esquina.
Maravillado por el milagro en colores, comenzó a cantar, mientras corría, buscando tocar el verde, el rojo, el naranja… Vio el reflejo del arco multiplicado en cada fruto de un árbol de cerezas. Lo trepó mientras arrancaba puñados y se las comia, casi sin masticarlas. Su sabor áspero,  atravesó su garganta en un dulce ahogo.
El loco elevó sus manos al cielo, como pidiendo ayuda, gracia, aire… Pero no obtuvo nada. En cambio, percibió los colores más brillantes, los olores más fuertes; su piel se estremeció en un escalofrió de placer cuando vio que las ultimas nubes que se replegaban en el cielo, se abrían para dejar paso al rostro de su amada, que lo recibía entre sus brazos.
Se levantó viento, las hojas se arremolinaron en la base del árbol, formando una cama mullida que recibió suavemente el peso del hombre.
El arcoíris desapareció, quedó una nube solitaria, casi transparente en el cielo, que fue desvaneciéndose hasta transformarse en una bolita de luz, que finalmente se fundió con el fuego del sol.


Clara Silvina Alazraki

Imágenes propias

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Día de la Tradición

El Día de la Tradición se celebra en Argentina el 10 de noviembre, fecha que fue elegida en conmemoración del nacimiento del poeta argentino José Hernández (1834 - 1886), que escribió, entre otros, el poema narrativo "El gaucho Martín Fierro" y su continuación, "La vuelta de Martín Fierro", relatos en forma de verso de la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor.
Algunos versos:

"Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vihuela,
que el hombre que lo desvela
una pena extraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela"

"Mi gloria es vivir tan libre,
como pájaro en el cielo;
no hago nido en este suelo,
ande hay tanto que sufrir;
y naides me ha de seguir,
cuando yo remonto el vuelo"

"Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de afuera"


Wikipedia