lunes, 21 de noviembre de 2016

Canción sin música para un hombrecito dormido...

Como dice Juan Manuel Serrat en esa bellísima canción: Esos locos bajitos,

"A menudo los hijos se nos parecen
y así nos dan la primera satisfacción...
...Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós".

Mientras son chiquitos, los papás creemos poder ser como gigantes de piedra, que trazan murallas a su alrededor para que nada los lastime; cuando crecen nos cuesta dejarlos volar, aunque sabemos (en el fondo y la superficie del corazón), que los criamos para que construyeran sus alas y algún día las usaran con toda la fuerza de sus espíritus inquietos.
Para mi pequeño hombrecito, que crece imperceptiblemente a la velocidad de la luz...


Canción sin música para un hombrecito dormido.

Quisiera saber qué ven tus ojos,
¿solo los colores, las líneas?,
¿los pequeños esbozos de la realidad que te muestra una ventanita artificial?
¿la belleza letal y el tiempo desmembrado?
¿O también se sumergen en la distancia, el sentimiento,
la vida pequeña de las cosas simples y el pesar extraño de los sueños reales?
¿Es acaso tu mirada una especie de puente entre el mundo y la nada,
entre la muerte y una flor,
entre un pájaro y las heridas?
Parecés dormido y estás despierto…
¿Estás despierto?
O solo es una ilusión pasajera…
Estoy viéndote y no sé.
Me pierdo en tus cejas tupidas,
trepo por la montaña de tu nariz
y patino en el desfiladero de tus dientes pequeños y blancos.
Pero tus ojos…
Tus ojos están tan lejanos.
Podría inventar que se quedaron navegando en un mar azul verdoso,
que su espuma encalló en tu pelo crespo y ahí juega a esculpir muñequitos de sal;
que una sirena susurra en tus oídos
canciones de caracoles, estrellas y auroras infinitas.
Podría inventar que ya sos grande y navegas en tu barco de papel y misterio
y el día de borrasca solo espías por la pequeña ventanita del camarote,
buscando el sol que tranquiliza a toda esa furia gris desatada.
¿Será -tal vez- que soy yo quien no puede ver más allá de vos?
Duerme la tarde y tus pestañas caen como persianas que apagan la luz.
Ya no estás
y estás.
Tu cuerpo cae laxo y pesado.
Un brazo cuelga relajado,
y  me pregunto, finalmente,
si es este el real instante en que comenzás a ver
y beber de la copa de tu alma
o era el otro
y yo,
simplemente,
no me había dado cuenta…


Clara Silvina Alazraki


Y esta vez no hay un archivo de audio con el texto, sino el trabajo final de ese hombrecito para una de sus materias del secundario, que me ha sorprendido y enorgullecido, tanto desde mi visiòn de mamà  como desde la de docente.
:D




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