martes, 16 de agosto de 2016

Martes de historias para compartir: Milagro de amistad.

 A veces ni pensamos que existe un mañana en el futuro, simplemente nos dejamos abatir por huracanes que destrozan nuestro presente y transforman todo en una negrura inexpugnable. 
 La Fe está  oculta en lo más profundo del ser, tal como su hermana, la Esperanza, en aquella caja de Pandora, intentando salir a la luz en medio de tanto caos. 
Sin embargo, la vida continúa y traza un Arco Iris como un camino que nos lleva a seguir adelante...
Para Silvia, Gonzalo, Kevìn, José, Morena, Nancy, Carolina, Jenny,  Angel, Celeste, Zule, Oscar, Betina...  para los que que ya los encontraron y los siguieron, para los que  todavìa están buscando sus colores en un cielo que poco a poco se desentiende de tormentas, para los que aùn están en medio de la oscuridad,  vaya esta nueva historia.
¡Que la disfruten! 

Milagro de amistad


Llueve sobre Buenos Aires.


El agua limpia el gris humo de las calles y reverdece las plantas. Por un instante, el tráfico deja de galopar desbocado. Solo se siente el rítmico taconeo de las gotas.

Desde su ventana en el segundo piso a la calle, Manuel mira el cielo.
Descubre formas en las nubes, en los espacios que estas dejan y en las sombras que alternan con haces de luz. 

Poco a poco, la tormenta se retira y, como si fuese una función teatral, deja el escenario al brillante sol. Sus rayos juguetean a los pies de la camita de Manuel. Él los mira bailar y quisiera poder acompañarlos en sus giros y vueltas chispeantes, pero es imposible, ya que su cuerpo está insensible desde el cuello hasta los pies.

Poco ha pasado desde el accidente, aunque toda la sabiduría de sus diez años ha sabido adaptarse a los tiempos duros que le tocaron en la lotería de la vida. Tiene el gran sostén de su hermana Florencia, tres años mayor, que lo ayuda en todo… en casi todo.

Desde la calle, llegan grititos apagados. Son los chicos del barrio que están jugando en la vereda, organizando un picadito o tal vez solo corriendo y riendo. Manuel recuerda cuando era parte de esas risas, de ese grupo, casi su líder, campeón de futbol y figuritas. Después del accidente, lo habían visitado pero era tan triste ver así al jefe de la pandilla que solo se quedaban un ratito, sin saber que decir o hacer. Al tiempo, habían dejado de ir a verlo.
Él los extraña. Alguna vez se lo comentó a su mamá y ella le pidió que tuviera paciencia, que esperara.
Se siente tan solo que inventa amigos invisibles. Ahí está Roque, sentado sobre la almohada; allá Juan, mirando hacia afuera.
-Están preparando algo “gordo”, dice Juan a su imaginación.
-Sí, añade Roque. –No sé qué están haciendo ahí afuera pero es algo grande.
Manuel discute con sus pares de fantasía: que si, que no, que hacen, que deshacen…
De pronto, algo aparece en una punta de la ventana: una manchita de color que crece y se transforma.
-¡Viste! –dice Juan-. ¡Te lo canté: estaban tramando algo… y es para vos!!!

Manuel mira el cielo reducido por la abertura y a un barrilete, que aparece Zigzagueando,  seguido por otros. Todos con una letra diferente pintada, pero que si son combinadas, forman su nombre  sobre el celeste.

Entonces sonríe y olvida todo: su invalidez, la soledad, hasta a  sus compañeros  imaginarios; Para soñar despierto con los amigos reales, de carne y hueso, de sentimientos camuflados, que no lo han olvidado, solo no encontraban la manera de decirle que lo siguen queriendo aunque no sepan cómo expresarlo con palabras.
Y sueña más profundo aún. Y se ve con ellos, remontando cometas amarillos, rojos, verdes, azules. Con el viento soplando sobre su carita, que ha dejado la palidez, la enfermedad, para gozar el calor, el frio, la lluvia.
Siente sus manos como ayer, luchando por mantener ajustado el cordel. Sus piernas hacen equilibrio, corren, saltan alborozadas para poder serle útiles nuevamente.

En ese momento, despierta: alguien grita, su mamá…

Su mamá, que no puede creer que su hijito, su chiquito, quien desde hace prácticamente dos años no puede mover solo ni siquiera la punta de los dedos, está parado junto a la ventana, mirando, sonriendo, saludando, festejando la sorpresa multicolor que sus amigos le han preparado.

Clara Silvina Alazraki



Si querès escuchar la historia:



Imagen base de barriletes: kiteplans.org  editada con picmonkey


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