martes, 23 de agosto de 2016

Un nuevo relato: Hielo encendido

Muchas búsquedas se alargan hasta los rincones más lejanos del globo. 
Lo interesante es cuando descubrimos que  también se pueden hacer entre las paredes palpitantes del corazón, sin necesidad de cruzar la puerta y salir a la calle...

Hielo encendido


Buscaba su origen, su ser, su por qué en esta vida.
Desde lo más profundo de sus recuerdos, ese había sido el mayor interrogante: Quien era. 
Sus viajes, -con ese fin-, la habían llevado a los lugares más extraños, distantes, hermosos. 
Conoció gente diferente y con sus mismas preguntas (aunque en ellos, la respuesta no parecía importar).

Ese día era muy importante: era el último de su peregrinar. Había tomado esa decisión y la seguiría,
pasara lo que pasara.
El lugar era hermoso: una mezcla absoluta de mar, cielo, hielo, montañas, nubes. Algunos lo llamaban el confín de la Tierra, otros, el comienzo de la misma.
A ella no le importaban las opiniones, tampoco la belleza del paisaje, solo su búsqueda.
Dejó su auto y equipajes en el pueblo y, bien provista de su equipo de campamento, comenzó su larga caminata hacia ninguna parte.
La luz del sol jugueteaba con la nieve, desplegando millones de arco iris a su paso, aunque ella no los veía, solo vislumbraba el frente, el horizonte.
Pasaron varios días, los árboles dejaron lugar al terreno yermo, blanco e infinito. Solo el hielo bajo sus pies y la capa celeste sobre sus hombros.
Se detuvo y escuchó: nada. Ni los trinos de las aves, ni el chapoteo de los lobos o ballenas. Ni siquiera el silbido del viento. El silencio era tan fuerte que desafiaba su razón.
Un sentimiento profundo de estar en contacto con algo Superior comenzó a llenarla desde lo màs íntimo de su cuerpo, al mismo tiempo que una calidez opuesta a todo lo que la rodeaba,  surgía. 
Tiró su equipo, se despojó una a una de sus prendas y quedó desnuda y tiritando, aunque no de frío, sobre un lecho de hielo que poco a poco, se descongelaba con su contacto.
Entonces, cuando el agua se mezcló con sus lágrimas saladas y cayó, por fin, la venda que ocultaba su corazón a todo lo que la rodeaba, pudo ver. 
Por primera vez en su larga vida, vio, sintió, pudo oler el perfume de su espíritu, que se elevó y voló como un pájaro hacia el infinito.

La búsqueda había terminado.



El relato en audio:


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