sábado, 30 de septiembre de 2017

Historias para compartir: "La vuelta del combatiente"

En los últimos tiempos, nos han sacudido muchísimas tragedias naturales y de otros tipos.

Huracanes, terremotos, ataques, volcanes que se activan, inundaciones, aludes, tragedias, tiroteos...

Tensiones desatadas por la Tierra.

Tensiones desatadas (lamentablemente) por los hombres.

Entre medio, mucha gente que se ha unido y ha demostrado que la solidaridad puede ser la fuerza que ayuda a volver a pararse, a seguir adelante en esta vida frágil...

Pienso en ese volver a lo cotidiano después de un desastre.

Para quienes cada día enfrentan la dura realidad solamente con las armas provistas por el Amor: 


La vuelta del combatiente


La familia lo espera, mascullando pasados sembrados en la niñez.
Se reunieron en la galería, con la idea de sorprender el regreso. Tienen miedo pero a la vez, extrañan a ese muchacho, casi niño, que hace pocos años marchó a una guerra cruel y hoy vuelve.
 No entienden. Jamás comprenderán el por qué de su proceder aunque lo haya explicado mil veces, hasta el cansancio. No saben unir acontecimientos y suponen que es cierto aquello que les puso como excusa alguna vez: la muerte del padre, la ofensa al país, el deber…
De pronto, la alegría se derrite en un mustio silencio cuando hace su entrada un hombre,  desde la glorieta (que le sacude polen y pétalos a manera de bienvenida). Lleva la cabeza vendada descuidadamente y se apoya sobre dos muletas grises.
Una de las mujeres se le arroja, llorando y riendo a la vez. No es histeria, solo la alegría y el temor del reencuentro del soldado con la causa de su partida a la guerra. Él, esboza una sonrisa. Los parientes comprenden, después de tanto tiempo de estar sumidos en la oscuridad y se van, con sus voces ocultas, ensimismados, pensando en todos aquellos muchachos encerrados en una madriguera, luchando por un ideal.
Quedan solos, se miran.
 La mujer aún solloza pero con más calma.
Entre sus ojos se ha formado un puente cruzado por recuerdos.
Él ve a una joven diciendo adiós, unas manos tibias, un último beso.
Ella, pensamientos atravesados por tristeza, preguntas, su hombre marchando en las filas de un interminable ejército de seres iguales, grises, marchando hacia la destrucción…
Las palabras sacuden la delicada textura de los pensamientos.
Ella critica.
Jamás supe por qué aceptaste, por qué te fuiste.
Él consuela.
Y se van.
Juntos.
A su casa, esa que algún día fue testigo de la partida y hoy, certifica el regreso.
Sobre una mesa quedan unos papeles olvidados. Documentos arrugados que traía el soldado. En una casa vecina, se escuchan gritos de alegría por la vuelta. En otra, la tristeza de la muerte.
En el jardín, una araña teje interminablemente su trampa para atrapar insectos.  

Clara Silvina Alazraki

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"La vida es una moneda", una hermosa canción de Juan Carlos Baglietto para acompañar este relato
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