Cualquiera, hasta la persona más dura, recibió una gran
sacudida con lo que le pasó a Lucía. Más aún, los que vivimos en la misma ciudad por donde
hasta hace pocos días caminaba con su adolescencia llena de sueños.
Hoy tuvimos un ratito para detenernos una hora y reflexionar
sobre tantos femicidios que nos sacuden. Para tomar conciencia.
Quisiera recordar a Celeste, víctima de una muerte temprana,
como tantas otras.
Celeste, por la que nadie marchó, ni habló en los medios, ni pidió
justicia…
Celeste era la mamá de uno de mis alumnos de 2do. Grado. Traía
en su mochila de la vida, el haber sido abandonada, crecer en una Institución,
quedar embarazada casi niña, formar una pareja que la hizo mamá por segunda vez
y que un día, después de violencia reiterada la mató, posiblemente con sus
hijos dando vueltas por la escena y sin comprender, en definitiva, qué era lo
que estaba pasando (ni ella ni sus hijos).
Celeste, que venía a la escuela a traer a su nene y luego se
iba al Jardín que está al lado a dejar a su pequeña. Qué lloraba bajito cuando
contaba sus tristezas y se llevaba algunas cosas que juntábamos entre las
maestras para ella.
Recuerdo que un jueves, después de una semana de la muerte de
sus padres, mi alumno llegó a la escuela muy sucio, sin almorzar. Todas lo abrazábamos,
le hablábamos con cariño, tratábamos de que estuviera lo mejor posible. Él decía
que extrañaba a su mamá, que su papá lo miraba desde el cielo…
Después de un tiempo, dejó de concurrir. Me enteré de que le habían
sacado la custodia a la abuela, a los tíos y que ambos hermanos estaban “Institucionalizados”
(en un hogar de tránsito).
Ya no supe nada más de él y su historia.
Hoy mi pensamiento #niUnaMenos es para su mamá.
Para vos, Celeste, que pasaste poco tiempo en este mundo, que
pintaste tus ojos con tristeza, tus labios con dolor, tus uñas con sangre
derramada…
Celeste
Cuántas mañanas ya no verás la salida del sol,
los gritos de las gaviotas,
el olor salado de las olas estrellándose en los espigones.
El futuro se quebró contra un muro de piedra,
el presente es una lágrima viva, trazando surcos por la cara
de quien te recuerda,
dibujando un río de tristeza
y bronca.
Un eclipse inesperado ocultó tu sonrisa,
tu voz que sonaba bajito cuando contaba historias atravesadas
por tristezas, abandonos, miseria.
Intentaste luchar.
Te paraste, caíste, te volviste a parar.
Y un día tu reloj se detuvo.
Se detuvo antes de hora.
Antes de lo esperado.
Antes de lo debido.
Antes…
Clara Silvina Alazraki
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1 comentario:
Que tristeza Dios
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