jueves, 19 de abril de 2018

En el día mundial de la bicicleta, un cuento que llega rodando...

Cuento del caballero solitario


“Hace mucho, muchísimo tiempo”, comenzó Juana, “existió en algún lugar un
caballero solitario.
Era un hombre extraño y mágico a la vez. Sobre su hermoso caballo, en el que se mezclaban los colores del sol en poniente, y con sus vestiduras siempre rojas, cruzaba puentes y castillos. Volaba como una flecha, como una chispa de fuego entre ciudades y desiertos. Sin embargo, no existía la prisa en sus pensamientos. Tampoco el tiempo. Su única finalidad en esta existencia era rescatar bellas y dulces princesas y destronar terribles y malvados ogros. Su vida lo llenaba casi completamente. Casi, porque era todo un profesional en lo suyo, pero en el fondo de su ser, sentía que algo faltaba.
-No, pensó.
-No es posible que sea un caballero solitario. Debo hallar algo que cubra ese vacío.
Y,  tomando su teléfono celular de la alforja, llamó a su secretaria, concretó dos negocios, dejó instrucciones precisas que se debían seguir en la compra de unos edificios y dejó un mensaje por si lo llamaba alguna de sus lejanas amigas…”
-¡Ah, no!, dijo Margarita. No puede ser un solitario y que tenga amigas que lo llamen.
-Uno puede estar rodeado de gente, tener miles alrededor y estar solo. Meditó Juana mientras frenaba su bicicleta en la entrada de la escuela y daba por terminado, su cuento rodante del día.

Clara Silvina Alazraki


Imágenes:
Caballero


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