viernes, 31 de julio de 2015

Sobre la muerte...

La muerte nos espera en cada vuelta del camino.
Puede estar agazapada,
sentada tranquilamente,
estirando su pierna para hacer una zancadilla,
desnuda de objetivos,
cargada de sinsabores,
o simplemente,
atisbando el paso en falso,
para sostenernos,
engañosamente,
 entre sus brazos desnudos
y llevarnos hacia la profundidad de la nada misma.

La muerte duele para quien se queda llorando una ausencia.

A veces me pregunto cómo será
cuando los ojos ya no pueden discernir los colores,
la piel se quiebra en millones de partículas,
la voz se silencia,
las manos no sienten la calidez de una caricia perdida,
el perfume de la vida cesa de disparar sensaciones.

Cuando las creencias revelan
que todo sigue en algún tiempo sin tiempo
y en algún lugar sin espacios,
la esperanza se convierte en  La Creencia que nos sostiene.

Sin embargo, ni siquiera la Fe más poderosa,
concibe ese instante
 en que baja la palanca de la luz en su último click,
sin un atisbo de tristeza...
Ya que,
después de todo,
somos humanos
y si las partidas no nos producen dolor,
pena
 y
 nostalgia,
quiere decir que nuestra humanidad
está literalmente congelada.

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