ACLARACIÓN
Esta historia, fue creada para jugar con la imaginación de mis alumnos en algun momento del 2024, año en que Mar del Plata cumplió sus primeros 150 años de vida.
Cuenta la leyenda, que hace muchos, muchisimos años, vivían en el puerto marplatense, dos lobos marinos gigantes.
Tan grandes, que comian 7600 pescaditos por día.
Tan grandes, que cuando se arrojaban al mar, el agua salpicaba a la gente del
puerto, de Punta Mogotes y hasta a las personas que salían a trotar por la zona del parque San Martín.
Los lobos eran buenos, buenísimos, requete buenos pero... Tenían un problema. Un problema grande como sus enormes muelas de lobos marinos: no les gustaba lavarse los dientes.
¿Eso está bien???
Un día, llegó de visita desde las heladas tierras del sur argentino, una preciosa lobita.
Los dos la vieron, inmediatamente quedaron enloquecidos de amor. ¡Parecían mas bobos que lobos!
Pero hay, cuando se acercaron a saludarla, la lobita salió corriendo espantada por el feo olor que salía de sus bocotas (eso es lo que pasa cuando uno no se lava bien los dientes diariamente).
Los lobos buscaron soluciones.
Fueron a Farmalobi y se compraron unos lindos cepillos y dentífrico lobuno. El problema comenzó cuando cepillaron tanto sus dientes que el puerto se llenó de espuma. Había espuma trepando por las escolleras, las lanchitas amarillas y naranjas, en la arena, los paseos costeros, hasta salía por los inodoros de las edificaciones que se levantan cerca de la costa...
Los lobos volvieron a Farmalobi buscando otra solución para su mal aliento pero la encontraron cerrada porque la mercadería se había inundado con espuma.
Entonces, fueron a visitar a Lobirula, hechicera experimentada en problemas de amor y otras cuitas, que reside en las playas del faro.
Ella preparó una poción mágica con arena de Camet, un poco de agua de mar y tres pelos de la lobita. Tres pelos que ellos tuvieron que sacarle con mucha delicadeza y sin que se diera cuenta (esa, es casi una historia tan larga como esta, otro día se las cuento).
Lobirula les advirtió que tuvieran mucho cuidado: si agregaban algún otro ingrediente, el preparado podía tener efectos terribles.
Los lobos, cabezones y desorejados, buscaron un lugar tranquilo y comenzaron a hacer líos. Le pusieron arena mágica, pelos de lobo rallados bien finitos, agua marina diluida y muchas cosas más que se les iba ocurriendo. La poción comenzó a vibrar. Largos trozos negros, parecidos a tentaculos de pulpo, empezaron a crecer dentro y fuera del recipiente. Bajaban por la arena y llenaban el espacio como dedos de una manos gigante que se expandía por todos lados. Los lobos salieron corriendo, un poco por miedo y otro por vergüenza (ya que era la segunda vez que metian la pata o mejor dicho, las aletas traseras) pero sus cuerpos eran tan pesados que, cuando llegaron al Casino y al hotel Provincial, la pasta negra los tocó y se convirtieron instantáneamente en dos lobos de piedra.
Cuenta la leyenda que, desde aquella época, los dos lobos están ahí, en la Rambla, separados por una larga escalinata que lleva a la playa Bristol.
La lobita nunca se enteró de toda esta historia y los otros lobos siempre lucen sus colmillos bien limpitos.
Y ustedes, ¿se lavan los dientes todos los días????
Clara Silvina Alazraki
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